Introducción a mi libro

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Hace varias semanas desperté con la idea de escribir un libro – a fin de cuentas se trata de escribir y aunque no tengo la fama de Gabriel García Márquez, estoy seguro que él comenzó por escribir lo que le parecía bueno en el momento. ¡Así que a escribir se ha dicho!

La idea original con la que desperté no era esta. Pero sabemos que toda idea va evolucionando hasta convertirse en algo perfecto, o lo más cercano a ello. La primera pregunta que llegó a mi mente: ¿de qué carajo vas a escribir, Lugo? La contestación fue bastante sencilla: Escribiré de mí, de mi vida y mis años por ella. Surgió otra pregunta quizás más importante aún: ¿Y por qué la gente va a leer un libro sobre tu vida, sino eres una persona como que muy importante? La contestación a esta fue más fácil, aunque puede sonar un poco poética: ¿Por qué no querría alguien leer de mi vida? Puede ser interesante leer sobre mi vida. Y de hecho, creo firmemente que sí podría serlo.

Zorro¿Dónde empezar? Esa sí es un poco más complicada. Pensé empezar por el principio; empezar qué estaba pasando en la vida de mis padres antes de que llegara yo a este mundo. Así lo hizo Allende en su libro El Zorro; comenzó por dar una historia introductoria sobre cómo se conocieron los padres de Diego para que pudiéramos entender por qué el menor de los De La Vega luchaba por la justicia. Empezaré por el principio entonces ya que no seré como George Lucas – empezar por la mitad puede ser divertido, pero luego se complicaría.

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Foto obtenida de https://www.flickr.com/photos/rafy474/galleries/72157629854569082/

El señor Juan Antonio Lugo Pérez nació un mes de abril en el pueblo de Cidra hace casi 60 años. Se crio en uno de los campos de nuestra hermosa ciudad, barrio Sud, siendo el octavo en la lista de los 13 hijos que tuvieron sus padres. Mis abuelos eran bastante pobres, pero la pobreza no es igual a mal educados. Conozco de memoria muchísimas historias de la niñez de mi padre, muchas. Por ejemplo que a la hora de comer, si llegaba visita la carne le tocaba al visitante y, literalmente, se las sacaban del plato a sus hermanos y a él. Por eso, siendo la persona inteligente que es,  tan pronto le servían su plato de comida con carne, lo primero que se comía era la carne y así, si llegaba una visita, el aseguraba su carne en su pipa.

Pero no siempre había carne ni mucha comida para todos. Me cuenta que en ocasiones mi abuela hacía bacalao salado, muy salado. Así mientras comían, dado lo salado del bacalao, tomaban mucha agua y se llenaban más rápido. La poca comida daba para todos. ¡Y pobre del quien dijera que la comida estaba mala o que era poca! En esos casos mi abuelo le daba con la gorra, o con lo que tuviera en la mano, mientras le gritaba: “¡Carajo, condenao cabezón afrentao!”

Mi señora madre, Eileen Ivette Rivera Rolón, también nació en Cidra un 4 de agosto. Su niñez, aunque con menos carencia de comida, no dejó de ser complicada. Mami se crio con su abuela paterna. Su abuela, Pancha Soto, se convirtió entonces en “Mami Pancha” y sus tíos y tías son para ella sus hermanas – explicar todo este revolú a mi esposa fue un parto, pero más o menos lo entiende.

Sus hermanas, que en realidad son sus tías porque son las hermanas de su papá (complicado, verdad) le enseñaron mucho a mami. Pero al ser al menos 20 años mayor que ella, mami se quedó sola con mi abuela Pancha. Abuela era pentecostal y mami conoció de Dios a temprana edad. Iba a los cultos, cantaba los coritos y tocaba la pandereta con estilo y ritmo. Abuela también creía en el castigo fuerte; nada de eso de irse a la esquina por dos minutos a pensar lo que hiciste mal. Mami fue criada con unos valores y creencias positivas y rectas que la hacen ser la mujer que es y nos ayudó a nosotros, sus hijos, a ser quienes somos.

Mis padres se conocieron a temprana edad. Creo que el hecho de que mi abuelo paterno, Paco Lugo, y mi bisabuela materna, Pancha Soto, eran hermanos tuvo algo que ver. O sea, que si pensamos un poco, mis padres son como primos segundos o algo así (creo que por eso mis hermanos y yo salimos medios locos). Estudiaron en la misma escuela pública desde pequeños y tenían los mismos amigos. Pero mientras mami estudiaba, papi hacía maldades o brillaba zapatos por dos centavos (con eso se compraba su media libra de pan con guineo o le echaba azúcar).

Papi no era el más aplicado, pero me cuenta que abuela Pancha le daba ánimo y le decía que se esforzara. Mami, por su parte, no le quedaba de otra que estudiar porque si no lo hacía a la buena, lo hacía a la mala (eso siempre a la buena es mejor). ¿Cómo se enamoraron Juan y Eileen? Pues como se enamora la gente. Es la única explicación que tengo, porque a pesar de las miles de historias que conozco de ambos, no recuerdo que nos dijeran esa historia en particular.

wpid-IMG_21911577428628.jpegUna vez graduado de escuela superior, papi estudió electricidad y mami comenzó a estudiar para ser maestra, aunque enfermería le hubiese encantado. Mami no pudo terminar sus estudios, lo que al día de hoy le duele un poco. Un poco después, en 1978 le enviaron una carta a la cigüeña, o papi brego algo con el pájaro, y un hermoso y fresquito día de diciembre llegó a la familia el primer Lugo Rivera, mi hermano mayor y orgullo de quien escribe, Juan Antonio. En mayo de 1980 llegué yo y en diciembre de 1983, esta vez más cerca de navidad, la cigüeña trajo a una niña hermosa, con una sonrisa bella y un pelo rebelde: mi hermanita que amo (y escribiendo esto se me llenan los ojos de lágrimas) Jaleen Franceska.

Si se fijan, con mi hermano y con mi hermana, la cigüeña los trajo; yo, llegué. Ellos estaban planificados y yo, como siempre, jodiendo por ahí (creo que no debo escribir “jodiendo” si se supone que es para un libro. Creo que eliminaré el término). Me cuentan mis padres que los tomé por sorpresa en todos los sentidos. Aunque no hay tal cosa como estar preparados, al menos se puede planificar tener hijos. Los gastos son enormes y cuando la economía no ayuda, la cosa aprieta más. Pues el hambre y la miseria – en sentido figurado – se juntaron y llegué yo. No solo la cosa estaba mala, sino que el niño les salió con problemas para digerir la leche y comprar leche de fórmula, cuesta. El pediatra, Nanito como lo conocen en Cidra, les regaló una leche que me ayudó a estar mejor y la cosa mejoró un poco.

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El clan Lugo

A fin de cuentas, el clan Lugo – papi, mami, Junito, Franceska y yo – tenemos mil historias y hemos pasado muchísimas cosas. Pero hemos aprendido y crecido en cantidad. Hemos reído juntos y hemos llorado a solas, al igual que los has hecho tú, querido lector. Eso no nos hace especiales ni diferentes, nos hace quienes somos. Y en las próximas páginas les contaré un poquito de quién soy y a donde voy. No lo hago para que sigan mi camino, pero si pueden mejorar el suyo, basado en lo que escriba, entonces ganamos todos.

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