Capítulo III: Educación superior

Fue para el verano de 1995, mi graduación de noveno grado y la graducación de sexto de Franceska, que mi hermanita y yo viajamos solitos a casa de mis abuelos en la Florida por varias semanas. A diferencia de mis hijos, mis hermanos y yo no tuvimos la dicha de crecer con nuestros abuelos cerca. Desde que tengo memoria solo veía a mi abuelo una vez al año, aunque siempre estaba pendiente de nosotros. Pero fue en ese verano que pudimos compartir con abuelo José y abuela Santa más tiempo y disfrutar de sus cariños, mimos y rica comida. Fuimos a piscinas y parques y la pasamos de maravilla. Al regresar a Puerto Rico me preparaba para décimo grado; nuevos retos, nueva escuela y algunas cosas que cambiaron mi vida y me ayudaron a moldear la persona que soy hoy día.

Escuela Luis Muñoz Iglesias: donde pasé mi décimo grado y, como interesante dato, donde mis padres cursaron su escuela superior solo algunos – en realidad quiero decir MUCHOS – años antes. Ese año cerraron la pollera, donde cursé mi noveno grado, y compartimos el plantel escolar con los estudiantes de noveno. Básicamente éramos el mismo grupo de compañeros de clase, así que se nos hizo muy fácil acoplarnos en la nueva escuela. Recuerdo que para ese año, el Departamento de Educación dio la orden de que antes de comenzar las clases el maestro o maestra debía tomar algunos minutos para discutir con los estudiantes algún tema que no fuera de la materia estudiada. Nuestra primera clase era matemáticas, y la maestra prefería discutir la materia. Así que la maestra de Estudios Sociales, nuestra segunda clase del día, tomaba unos minutos de su clase para discutir otros temas, según la norma del Departamentp de Educación.

Nosotros, que a pesar de ser aplicados, éramos de igual fomra inteligentes y cuando ella discutía un tema que se prestaba para debatir, aunque estuviésemos de acuerdo con el punto planteado, hacíamos lo posible por debatir. Por ejemplo, una hermosa mañana de otoño – en realidad no recuerdo cuándo – la maestra decidió hablar sobre la pena de muerte. Muy pocos estaban de acuerdo con la pena capital, pero un grupo de estudiantes, Juan Carlos, Julio, Felipe, José Manuel y yo, decidimos al momento apoyar tan terrible castigo. Fue una hora espectacular; hubo discusiones, puntos encontrados, risas, molestias, y lo que no hubo fue clase de Estudios Sociales. Uno de los tantos ejemplos que surgían en la clase.

La clase de ciencia, era espectacular. Muy sencilla, diría yo, y muy divertida, particularmente por nuestro maestro: el señor Castrodad. Debido a su poca estatura y su porte particular le llamaban Chespirito – aunque siempre supimos que era un maestro capaz y conocedor de las ciencias, su forma de ser y hablar era muy graciosa. La clase de Inglés estuvo a cargo de la señora González, quien el año anterior fue asistente de nuestra maestra de la misma materia. Era ella quien mejor nos conocía y, como decimos en la Isla, sabía de qué pata cojeábamos.

Una de las maestras con quien más aprendí fue con la señora Nayda Rodríguez. La maestra de español era diferente a las demás maestras que había tenido en todos los años de escuela. Una señora que, aunque entrada en edad, tenía un estilo de moda particular: pelo negro largo, – el cual no siempre lucía peinado, pero iba con su forma de ser – a veces usaba trajes con un look tropical y otras simplemente usaba mahones, camisas con manguillas u otros estilos fuera de lo normal y siempre con sus aretes o pantallas grandes y sus pulseras ruidosas. Recuerdo que cuando le tocó presentarse antes los estudiantes, nos dejó claro que no le importaba si a alguno de nosotros le molestaba el ruido de sus pulseras. También nos dijo en su voz muy fuerte, pero sin gritar, que para ella “sí existe eso de tener preferencia de unos estudiantes sobre otros. Si eres buen estudiante serás uno de mis favoritos, y si no eres buen estudiante, pues no”. Aprendí muchísimo del idioma que tanto amo y respeto, y del hecho de que una maestra no es más ni menos capaz y competente por la forma que habla o se comporta. Ella era un alma libre y diferente y todos lo sabían. Un día pasaba por su salón y había un niño afuera llamando a otro para que se fuera de la escuela con él – como le decimos en casa, irse a cortar clase. Nayda salió del salón como un guabá, agarró al niño que estaba afuera por la camisa y lo pegó a la pared mientras le decía: “si quieres cortar clase, arranca pal carajo, y corta clase. Pero a mi salón no vienes a sacar a nadie para que se cuelgue igual que tú”. El joven la miraba asustado, y cuando ella lo soltó, se arregló la camisa y bajó las escalera muy tranquilamente. Hoy eso hubiese sido una demanda para la escuela, la maestra y hasta la madre que la parió, pero Nayda decía saber lo que hacía.

En 10mo grado fue que tuve mi primera novia oficial, Jenisse. Una chica hermosa y tranquila, y compañera de clases. Recuerdo que cuando le dije a mis amigos que ella era mi novia, lo primero que se le ocurrió a uno de ellos decir fue: “coño Lugo, ella está muy buena para ti”. Nuestro noviazgo tuvo sus altos y bajos, y se extendió hasta nuestro segundo año de universidad – eso es todo lo que escribiré al respecto por respeto a ella y su familia.

Screenshot_20180402-212855En grado 11, llegamos a la escuela superior Ana Jacoba Candelas y conocimos nuevos compañeros. Llegaron a mi vida nuevas personas con diferentes formas de pensar, pero que encajaron perfectamente con nosotros: Will, Natalie, Linnette, Lourdes, Yoly, Melissa, Charlie, y muchos otros. El círculo de amistades se expandió considerablemente.

Y así como llegaron compañeros y compañeras nuevas a mi vida, llegaron nuevos maestros, de los cuales no todos fueron ni serán nunca de mi agrado. El señor Berríos, el señor Santana y el señor Vega, mejor conocidos como el triunvirato del terror. Tres maestros muy estrictos pero muy conocedores en los campos de Química, Historia y Español, respectivamente. Eso no significa que hayan sido buenos maestros, al menos para mí. Personalmente – y aclaro que es mi forma de ver las cosas que ocurrieron – ninguno de los tres era buena persona. Tengo compañeros de clase que se sienten agradecidos por lo mucho que aprendieron de ellos, pero quien compartió conmigo esos años sabe que nunca los consideré buenas personas. Quizás al día de hoy que escribo estas letras, hayan cambiado sus vidas para bien, pero por muchos años hicieron la vida difícil para muchas personas. Siempre entendí que con al edad que teníamos en ese momento, 16 y 17 años, no podían ser muy tranquilos con nosotros para no perder el control del grupo, pero hubo cosas que no eran necesarias. Se escudaban mucho bajo el manto de que “los tenemos que tratar así porque en la universidad los van a tratar peor y queremos que estén listos” lo cual entiendo que no era la forma correcta de prepararnos. Podría escribir un capítulo completo de los tres chifaldos, pero no quiero darle la importancia que no se merecen.

20180406_144131En una nota más positiva, fue en grado 11 que una grupo de estudiantes y yo fuimos parte de un intercambio estudiantil al estado de Connecticut, específicamente a Pomperaugh High School. Unos meses antes, un grupo de estudiantes de la escuela habían viajado a Puerto Rico, así que del 1ro de 10 de octubre de 1996, para ser más exactos, nos tocó viajar a nosotros como parte del programa de intercambio auspiciado por la escuela y la maestra de Teatro, la señora Rita Flores. La idea fue compartir con estudiantes de la escuela su experiencia estudiantil, además de conocer el estado y ser turistas por una semana. En mi caso, el señor y la señora Foss me recibieron en su casa. Sus hijos, Steve y Jeff, eran estudiantes de Pomperaugh y fui parte de su día y pude conocer la rutina de la familia y la escuela. Además de compartir con los sobre 15 estudiantes que viajamos juntos, poder ver una nueva familia, escuela y modo de vida fue una experiencia enriquecedora.  20180406_144517

Un año más tarde, un nuevo grupo de estudiantes de Connecticut llegó a Puerto Rico y esta vez Steve y Jeff fueron recibidos en mi casa, donde compartieron con nosotros por varios días. Fuimos a San Juan, Ponce y disfrutamos de un día sol en la hermosas playas de Culebra. Esa noche fue un poco complicada en mi casa porque Jeff no entendió por completo el hecho de que en Puerto Rico el sol no solo alumbra para dejarnos saber que es de día, sino que también puede quemar tu piel. Todos los estudiantes eran muy blancos y a pesar de querer broncearse en nuestras playas, se pusieron de rojos, muy rojos al punto que les daba trabajo ponerse las camisas. Así que para mi madre fue preocupante que hubiese tomado tanto sol y se aseguró de ayudarlo con cremas frías a aliviar su dolor.

Y llegó cuarto año, grado 12, mi año de graduando de la clase Salyend 1998 de la escuela superior Ana J. Candelas – sí, ese fue el nombre de mi clase. Bajo el lema de “Amados por siempre, unidos hasta el fin” – siempre me pareció demasiado cursi – hicimos de nuestro último año de escuela uno maravilloso. Hubo fiestas en salones grandes con orquestas famosas en el momento, como Kaos y Giselle, y también otras menos pomposas en casas de alguno de los estudiantes. La famosa Fuga fue espectacular. Siempre me aseguré que mis padres supieran para dónde íbamos e igual de importante, con quién estábamos.

Screenshot_20180402-213150Si mal no recuerdo, la fuga fue un jueves en la mañana. Todos nos presentamos a la escuela y la idea era sonar la chicharra a las 9:00 de la mañana, y todos a correr. Pero se nos estaba complicando la cosa; a las 8:45 caminé por los pasillos de la escuela para ver si todo estaba más o menos en orden, cuando me percato que el portón principal que estaba al lado de la oficina del director estaba cerrado. Así que decidimos que, si al sonar la chicharra a las 9:00 el portón estaba cerrado, saldríamos por la parte de atrás del edificio y salir de la escuela por el portón principal. Y así fue. A las 9:00 sonó el timbre indicando el cambio de clase, salimos de los salones y nadie salió de la escuela hasta que uno de nuestros compañeros apretó aquel pote y se escuchó la chicharra en toda la escuela; y a correr se ha dicho. Al encontrarnos en Caguas, nos enteramos que el portón lo habían abierto y que uno de los estudiantes le dijo a la Orientadora que el punto de encuentro era en el restaurante Los Dos Mangoes, en Cidra, lo cual fue para que ellos fueran a esperarnos allí mientras nosotros condujimos al lado contrario. Un plan exitoso, diría yo.

Pero como para cada acción hay una reacción igual u opuesta, el lunes cuando regresamos a la escuela, el director se presentó a nuestro salón con una lista con los nombres y apellidos de cada uno de los estudiantes que fuimos a la fuga. La lista, según nos enteramos más tarde, había sido escrita por dos estudiantes que serían suspendidas una semana por haber participado del julepe. Ellas hicieron la lista, pero de todas formas fueron suspendidas, así que les tomaron el pelo. De más está decir que nos suspendieron por una semana, pero en realidad no perdimos mucho material en cuanto a las asignaturas, ya que casi todo cuarto año tuvo la semana libre. Así que lo tomamos como un premio por escaparnos.

Screenshot_20180402-214022Y pasaron los meses, las actividades, las fiestas, los deportes y cumpleaños. Y se sumaron las experiencias, las clases y los buenos momentos hasta mayo de 1998 cuando celebramos, en el estacionamiento del parque de béisbol del pueblo de Cidra, nuestra graduación. Caminamos de la escuela hasta la Parroquia Nuestra Señora del Carmen en la plaza del pueblo a recibir la bendición del sacerdote, luego comimos pizza y nos tomamos fotos y llegamos a nuestro destino final. Una actividad hermosa y llena de llanto y alegrías. Y estábamos listos para irnos de la escuela. Birretes en el aire, abrazos y más fotos – con cámaras de rollo porque no habían celulares con cámara en ese tiempo.

Screenshot_20180402-213627Días más tarde celebramos nuestro Class Day y en junio botamos la casa por la ventana con nuestro Senior Prom, o Class Night. Todos bellos, bien vestidos y perfumados, bailamos al ritmo de Grupo Manía y los Hermanos Rosario. ¡Una noche para la historia! Y así terminó uno de los periodos de mayor crecimiento en mi vida. No solo porque crecí varias pulgadas más, sino por todo lo que me trajo la vida en ese tiempo. No todo fue alegría en mi cuarto año de escuela superior; mi hermano se fue a la Universidad a dos horas de distancia, lo cual fue un poco difícil para mí porque siempre lo tenía al lado mío molestándolo y eso, me operaron del apéndice y para colmo de males, mis padres comenzaron un proceso de divorcio. Este último fue difícil para mí ya que veía a mi madre llorar más de lo normal (porque ella normalmente llora por todo) y a mi papá hacerse el hombre y quejarse por lo que fue o lo que no pudo ser.

Me encantaría escribir más de todo lo vivido durante esos años, pero tendría que escribir otro libro solo de esto, así que podemos hablarlo en privado ustedes y yo. Hubo maestros que me ayudaron a mejorar quien era y dar lo mejor de mí, hubo compañeros que llegaron a mi vida para quedarse por siempre (Mónica, Will, Yolanda) y hubo situaciones que me hicieron ver que la vida no es simplemente levantarme todas las mañanas e ir a la escuela. Aprendí, reí, lloré y todo eso, lo bueno y lo menos bueno, se resume en crecimiento. En junio de 1998 terminó una etapa, mientras me preparaba para una de las experiencias más importantes y enriquecedoras de mi vida: la universidad.

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Cosas buenas están supuestas a pasarme

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En mi búsqueda de temas motivacionales in Internet me topé con el dicho “Cosas buenas están supuestas a pasarme”. Empecé a pensar un poco sobre eso y me pareció cierto; lo creí y lo acepté. ¿Comenzaron a pasarme cosas buenas? No. Di una mirada al pasado y descubrí que las cosas buenas vienen pasándome desde hace mucho. Y tomé la decisión de buscar y ver esas cosas buenas que me pasan.

Familia
Familia

El primer párrafo es más un resumen del punto que les quiero llevar. Déjame comenzar desde más atrás. Tuve una gran niñez. Tengo un hermano mayor que luce más joven que yo y una hermana menor que es igualita a mí (al menos eso dice la gente). Crecimos en una casa llena de amor, abrazos y una que otra pelea entre hermanos; nada fuera de lo normal. Tuve muchas amistades en la escuela y en el vecindario, y fui un niño muy feliz, en serio. Nunca sufrí de bullying en las escuela y cuando lo intentaban, siempre tenía un contestación inteligente para todo (aun lo hago y mucha gente lo odia).

Creciendo me di cuenta que la vida puede ser triste y en ocasiones injusta. Me daba cuenta cómo otras personas tenían sus vidas listas – o al menos eso parecía – y nada bueno me pasaba a mí o tardaba mucho tiempo en sucederme. Terminé la universidad y conocí a muchas personas en el camino, algunas de las cuales hoy son parte de mi familia. Aun así, pensaba que nunca me pasaban cosas buenas. La gente empezó a tener buenos trabajos, sus sueños comenzaban a hacerse realidad, y me sentía atascado; como si las oportunidades nunca tocaban mi puerta, se perdían de camino a mi casa.

Siempre he sido una persona positiva y un fiel creyente de que haciendo a la gente sonreír es una gran manera de calmar su dolor y de eliminar las penas. Eso ha funcionado para mí y al día de hoy sigue funcionando. Pero nunca estaba donde quería, donde se suponía que estuviera. Mientras crecía, nunca tuve un plan sobre dónde debía estar en mis 20s, 30s y así sucesivamente. Pero sabía lo que quería hacer y como no estaba haciéndolo me sentía que no había logrado nada.

Una cerveza por la amistad
Una cerveza por la amistad

Cerca de dos años atrás me di cuenta que lo había hecho todo al revés, y mis amigos y mi esposa – quizás sin saberlo – me ayudaron a darme cuenta. Por más de 10 años mantuve guardado un libreto para un stand-up comedy pero lo guardé porque la oportunidad para hacerlo nunca se me apreció. Estaba haciéndolo mal. Mis amigos me dieron el empujón y logré hacerlo. Finalmente estaba frente a un grupo de personas haciéndolos reír, reír mucho. Algo que siempre hago frente a mis amigos, finalmente lo hice frente a otros. Ahí me di cuenta que llevaba muchos años esperando que las cosas llegaran en lugar de salir a buscarlas.

(Mira el video aquí)

Comencé a ejercitarme y funcionó muy bien para mí. Mi confianza comenzó a crecer al igual que mi visión de vida. Miré al pasado y me di cuenta que muchísimas cosas buenas si me habían pasado; me habían estado pasando toda mi vida. Pero era yo quien me detenía a esperar que el sueño de mi vida apareciera de la nada, que tocara a mi puerta. Me di cuenta que todo lo que tenía en mi vida, bueno o malo, lo había conseguido con trabajo. Y realmente disfruté el camino hasta ahí. Claro que ser una persona positiva no me salvó de un divorcio ni de todas las cosas negativas que pasaron en mi vida. Pero ser positivo me ayudó a enfrentarlo todo y a lidiar con ellas en una mejor manera.

Nada más que decir
Nada más que decir

Mi punto es que las cosas buenas SI están supuestas a pasarte. Y te han estado pasando. Solo toma un momento y fíjate bien. Olvídate de lo que otros tienen y de esas oportunidades que nunca llegaron. Haz que la vida pase para ti. Si no hay una oportunidad para ti, ¡sal y haz que suceda! Si se cierra una puerta, asegúrate que la próxima vez la patees al entrar. No pierdas la fe en ti. Comienza haciendo esos pequeños cambios en ti y comienza a escuchar a las personas que te dicen que tienes verdadero potencial; al creer en lo que dicen te darás cuenta que tienen razón.

Puedes fracasar en aquello que no quieres,
así que por qué no arriesgarte a hacer lo que amas”.

Jim Carey

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Good Things Are Supposed To Happen To Me

Versión en español presione aquí

In my search for motivational stuff on the internet, I stumbled upon the quote “Good things are supposed to happen to me”. I started wondering and thinking about that, and I found it to be true; I believed it and embraced it. Did good things start happening to me? No. I looked back and realized they have been happening for quite some time. And I made the choice to try and look for the good things that happen to me.

Familia
Familia

That first paragraph is like the summary of the point I am trying to make. Let me go back a little bit and start over. I had a great childhood. I have an older brother who looks younger than me and a baby sister who looks just like me (or so people say). We grew up in a house full of love and hugs and occasional brother sister fights; nothing out of the ordinary. I had a lot of friends in school and in the neighborhood and I was a really happy child, really. I was never bullied in school and if I did I always had a clever answer for everything (still do to this day and some people hate it).

Growing up I realized life can sometimes be sad and unfair. I got to see how other people got life figured out -or so it seemed- and nothing good ever happened to me or it took too long to happen. I got through college and I met a lot of people in the process, some of which are my family now. But still, good things never happened to me. People started having great jobs, their dreams were starting to come true, and I felt stuck; like the opportunities never knocked on my door, they got lost on their way to my house.

I have always been a positive person and a true believer that making people smile is a great way to help ease their pain and lift heavy sorrow. And that worked for me and still does. But I was never where I wanted to be, where I was supposed to be. When I was a kid or growing up I never had a plan or schedule of where I wanted to be in my 20’s, 30’s and so on. But I knew what I wanted to do and since I was not doing it, I felt unaccomplished.

Friends over beer!
Friends over beer!

Two years or so ago I realized I had it all wrong, and my wife and friends – without them knowing – helped me figure that out. For years I keep a script for a stand-up comedy I wanted to make but I shelved it because the opportunity never appeared. I was looking at it all wrong. My friends helped me and I made it happen. Finally I was in front of a crowd making them laugh hard, really hard. Something I always do in front of my friends I was able to do in front of others. It was then when I realized I spent many years waiting for stuff to happen instead of going out there and making them happen.

(View video here)

I started exercising and that worked well too. My confidence started growing and so did my view of life. I looked back and realized wonderful things DID happen to me; they have been happening all my life. But it was me who stopped to wait for my dream life to appear out of thin air, to knock on my door. I realized that all I had in life, good and bad, I worked for it. And I did enjoy all the way there. Of course that being a positive person did not save me from a divorce or from all the bad stuff life threw in my face so many times. But it did help me face all of that stuff and deal with them in a better way.

Should I say more?
Should I say more?

My point is that good things are REALLY supposed to happen to you. And they have been happening. Just take a break and see it for yourself. Forget about what others have or the opportunities that never happen to you. Make life happen to you. If there is not an opportunity for you, go ahead and make it! If a door closes on you, make sure next time you kick it on your way in. Don’t quit on yourself. Start making those small changes on you and start listening to the people that tell you that there is potential; believing in what they say can help you realize is true.

You can fail at what you don’t want, so you might as well take a chance at doing what you love.
Jim Carey

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I did it!

I am back after just two weeks. I’m trying to have something to write every couple of weeks, and this time it worked. This time is to share some incredible news; something I’ve wanted to do for the last ten years. Finally, I did my Stand-up comedy routine.

Last Saturday (it all depends when you are reading this) I left the fear and the “what if” and I jumped to the stage and did my routine. Was I nervous? HELL YEAH! That made it even better when I was done. The feeling that I overcame that stupid fear, the taste of victory and the laughter of those people made it all better.

IMG_175917009450599I was ready for that night ten years ago. I even had something written, with punch lines and all. Fear walked with me all that time, but a couple of weeks ago I decided it was time to break free. There is this place in Old San Juan call Celébrate Puerto Rico, and Saturday nights are open mic. I visited the place a couple of weeks ago and I loved it. A place for everyone, laid back, no dress code and all fun. I saw routines from other people, and even though some were not good for my taste, I was still fun. I decided then it was my time to try it. I did and I loved it.

Before the show, I was scared and nervous, but once Chente called my name, it was different. Up there I forgot about everything and focused on the routine. I was supposed to be there for only five minutes that ended up being 12. Lots of laughs, screams, and a big round of applause told me that I did a great job.

IMG_3414Many of friends were there. Some of those have known since forever that I was going to do fine when I decided to do it. I was glad they were there with me to share that moment. And the ones who could not make it, called me and sent me good vibes.

And after the show was done, it was fun times with my friends. We were almost kicked out of the place. But it was an amazing night with laughs and friends. I may do it again in a month or so.

IMG_3411Here is the link for the podcast. My intervention is on 22:30, but you are welcome to listen to the whole thing (It is in Spanish, so sorry for those of you who can’t understand it). There are great people doing what they like to do: making people laugh. Hope you like it, and if you need me in a party or show, just call my agent (which means I will talk to my wife about it and she will decide for me).