Capítulo 5: “Hijo fuiste, padre serás”.

IMG_8492Como niños, siempre les decimos a nuestros padres que queremos ser adultos. Ya sea porque queremos hacer lo que no dé la gana o que estamos cansados de que no nos dejen hacer nada porque somos niños. Ni hablar pueden los niños, porque “los niños hablan cuando las gallinas mean”. Vamos poco a poco creciendo, viendo cómo es el mundo a nuestro alrededor y cómo son las personas y situaciones que se presentan en ese mundo.

Ese crecimiento no solo se compone de aumentar en tamaño; no es solo tocar el marco de la puerta de un brinco o de mirar por la ventana sin tener que pararnos en el mueble, tal como lo hacíamos mis hermanos y yo. Al crecimiento se le añade el dolor, la pena, la alegría, la sorpresa y que nos dejen de gustar los programas de niños – menos el Chavo del 8 – y comiencen a gustarnos las nenas. También el momento en que notas que tienes vellos debajo del brazo, debajo de la nariz y debajo del calzoncillo, o como diría mi hermana, pelos en los güevos (ya imagino a mami leer esto y decir: ¡ave maría, Franco! Además de la súper carcajada de mi hermana).

En cuanto al crecimiento por dolor y sufrimiento, todos hemos tenido de esa categoría. Desde darse cuenta que los padres pelean, cuando en realidad pensábamos que eso no pasaba, muertes de familiares o amigos y desilusiones amorosas. Esos dolores y ese sufrimiento, luego de un tiempo, son los que nos enseñan a sobrepasar los mismos problemas si se presentan más adelante. Son las herramientas que nos da la vida para seguir luchando y enfrentarnos al mundo que nos rodea. Para usar un ejemplo más familiar, es como cuando tu papá usa diferentes herramientas en su trabajo de electricista, pero nunca sabe dónde las deja. Para el próximo trabajo, al saber que siempre las deja perdidas, usa entonces un cinturón donde se acomodan fácilmente. La vida te da las herramientas y las usas cuando las necesites; siempre estarán en tu cinturón.

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Yes, Mr. President!

Aún recuerdo la primera vez que escuché a mis padres discutiendo. Aunque no recuerdo exactamente la razón que dio pie a esa discusión, recuerdo haberme sentido triste pensando que no se amaban. Mis padres siempre trataban de que las discusiones no fueran frente a los pequeños ya que ese tipo de estrés no es necesario para un niño; esa preocupación no ayuda al crecimiento saludable de un niño, al menos eso dicen los expertos. Las desilusiones amorosas siempre estaban. Aunque no lo crean, hubo un momento de mi vida en el que fui tímido. Y cuando se trataba de hablarle a una niña que me gustara, me daba mucho trabajo. En lo momentos que lo hacía y le dejaba saber que me gustaba, siempre me decían que me querían como amigo. PARÉNTESIS: No hay nada más doloroso para una persona que esa a quien amas, o quien te mueve el piso, te ponga en la zona de amigos o “friend zone”. Es lo peor que puede pasarle a un enamorado. Trauma compartido, continuamos con el relato.

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Mi primera novia oficial, mi amor de escuela, lo fue Jenisse, la chica tímida de Santa Clara. Estuvimos varios años de novios mientras estuvimos en la escuela superior y dos años de universidad. Tengo mil y una historias que podría contarles sobre ese tiempo, pero no es parte de este capítulo. En otro momento saciaré su sed de saber sobre ese tema. Luego, en los primeros años del nuevo milenio, conocía Jessica, la compañera de apartamento Mónica. Tenía un carácter de armas tomar, pero un corazón enorme. Entre una cosa y otra, y para resumir tantos años de historia, después de graduados de universidad y con nuestros respectivos trabajos, decidimos irnos a vivir juntos. A principios del 2005, y por insistencia mía, se hizo la prueba de embarazo que venden en la farmacia. “Lugo, no quiero mirar. Dime tú, qué salió”, me dijo después de hacerse la prueba casera. Esa línea se marcó al instante dejándonos saber que estaba embarazada, pero siendo el tipo de persona que soy, quise esperar unos segundos más a ver si cambiaba el panorama. El único cambio que hubo fue el color de la línea que hasta un daltónico se hubiese dado cuenta de ella. Jessica estaba embarazada. ¡Yo me convertiría en padre! La primera reacción no fue de tanta alegría. Jessica lloró y llamó a su mamá para contarle. Hubo un poco de miedo sobre la reacción de los Velez Calderón, pero todo fue alegría.

Fue mi turno de llamar a los Lugo Rivera. Algo me dijo que dialogara con papi antes de llamar a mami. Varios años antes, mi hermano se convirtió en padre y eso en casa fue grande. El primer hijo de mi hermano, luego si primera hija, los primeros nietos de mis padres, mis sobrinos, Francisco Andrés y Andrea Valeria. Fue un poco fuerte el proceso ya que mi hermano aún estudiaba en la Universidad y los padres siempre quieren que sus hijos hagan las cosas mejor de lo que lo hicieron ellos. Tenía el miedo de decirle a mami porque, aunque ya tenía mi trabajo, no me había casado. Llamé a papi y me di cuenta que nos parecemos más de lo que pensaba; al decirle que Jessica estaba embarazada, comenzó a reírse y me dijo: “deja que tu mamá se entere. Llámala.” Así lo hice. La llamé y su reacción fue maravillosa; llena de alegría, lágrimas – como siempre – y más alegría. Las familias se enteraron, todos celebramos y comenzó el proceso de expectativa, miedo, alegría y preocupación que dura toda la vida.

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“Que chiquillo tan bonito, ese pelao”.

Después de un hermoso proceso de embarazo, antojos – de mi parte – desvelos y caminatas para que el bebé se acomodara como debía, el 23 de noviembre de 2005 nació un cachetón hermoso: Daniel Antonio Lugo Girau. Escoger el nombre fue un proceso divertido. Mi hijo debía tener un nombre único o que fuera combinación de nombres de alguien a quien respetáramos. Así las cosas, le pusimos el segundo nombre de nuestros hermanos varones: Daniel por mi cuñado y amigo Tomás, y Antonio por mi hermano y modelo a seguir, Junito (Juan es su nombre de pila). Desde ese entonces la canción “El nacimiento de Ramiro” de Rubén Blades suena en mi radio todos los años y siempre se me hace un nudo en la garganta cuando la canto (hasta Daniel se sabe la canción).

Ver a un niño crecer es un proceso hermoso, pero cuando ese niño que crece es tu hijo, el proceso toma mayor importancia. Inculcarle valores, religiones, acompañarlo en sus primeros pasos y caídas es una responsabilidad que no puede describirse en unas cuantas líneas. El proceso de aprender a hablar, cuando solamente sus padres entienden sus balbuceos, sus dolores por pequeños que sean le duelen a sus padres y sus risas contagian a todos. Estaba listo para ser padre y sabía que sería un buen padre, ya que mis padres lo fueron conmigo y se encargaron de que entendiera la responsabilidad que representa traer un niño al mundo.

fullMi relación con Jessica terminó dos años después, pero el amor que tenemos por nuestro cachetón le gana a cualquier cosa. Decidimos separarnos, un proceso fuerte para ambos, pero acordamos que yo llevaría a Daniel al cuido en ese momento y que estaría conmigo algunos días de la semana, además de todos los fines de semana. Así ha sido desde entonces. Recuerdo cuando lo llevé a la Pre kínder por primera vez y sentí lo que mi madre sintió la primera vez que nos llevó a nosotros: lágrimas bajar por mis cachetes. Daniel lloraba todas las mañanas que yo lo llevaba a la escuela y eso me mataba. Una mañana, una madre de una de las compañeras de clase de Daniel me dijo que no me preocupara ya que tan pronto el niño dejaba de verme, el llanto se detenía. Así que me di cuenta que desde pequeños tratamos de engañar a los padres para lograr lo que queremos.

imagejpeg_2_25En el 2007, conozco a esta chica que trabajaba conmigo en un periódico de negocios del país. Al principio, la chica no me caía nada bien; hasta su caminar me decía que era una antipática come mierda. Después de varias conversaciones, y de ella soportar mis chistes, salimos. En resumen: salimos, la lleve a comer mantecado, nos enamoramos, me obligó a llevarla a vivir conmigo, nos casamos y, claro está, quedó embarazada. Mi segundo hijo estaba en camino. Ya Daniel tenía cinco años y éramos una familia unida y comprometida con el bien de los niños. El embarazo, al igual que el embarazo de Jessica, fue un proceso increíble; diferente en cierto modo, pero de crecimiento para todos. Lo doloroso fue el parto. Pero, después de una tarde y noche de dolor del 30 de septiembre de 2011, llegó el otro cachetón, Fabián Antonio Lugo Hernández. Para mí, Fabián es el segundo hijo, pero es el primer hijo de Gina – el que ella trajo al mundo, porque siempre ha sido la segunda madre de Daniel. Hasta cierto punto, ya sabía que esperar y qué le pasaba a Fabián en ciertos momentos. Esas herramientas que me dio la vida con Daniel, pude usarlas en diferentes momentos para ayudar a calmar a Gina y a tomar mejores decisiones.

Cierto día estaba en la casa de mis padres en Cidra con Gina, y Fabián se cayó y se dio un golde en la cabeza. Lo levanté rápido y verifiqué que estuviera bien. Al haber visto tantas caídas de Daniel pude ver que Fabían tendría un chichón y que lloraría un rato; nada que un poco de mantequilla con sal en la frente no pudiera resolver. Pero para Gina fue un momento horrible. Se lo llevó al cuarto a calmarlo y luego de unos minutos, cuando voy a ver cómo está el niño de las pestañas largas, él se había calmado un poco y mamá lloraba desconsolada. Fue entonces que me di cuenta lo que me pasó tantas veces con Daniel; los golpes, caídas, llantos, enfermedades me destruían. Y aunque es igual con Fabián, ya tengo la experiencia para saber qué le puede estar pasando y cómo responder.

Fabián es un niño hermoso, tierno y muy cariñoso. Para mí es la misma cara de su madre pero tiene bastante de mi forma de ser. Estuvo unos días en el hospital luego de su nacimiento, pero todo continuó muy bien. Al igual que a Daniel, me encargué de que aprendiera a mirar serio, que sonriera y le dijera a todos que es de papi. Acostarlo a dormir siempre ha sido hermoso y que me despierte de un golpe en el pecho me deja saber que estoy vivo.

imagejpeg_2_51“Hijo fuiste, padre serás” debe estar seguido de “así como tus padres aprendieron, así aprenderás”. La única forma de que un hijo pueda entender a sus padres es convirtiéndose en padres. No tuve la dicha de criarme junto a ninguno de mis abuelos, pero mis hijos si la han tenido. Siempre le dejo saber a Daniel que no se deje engañar por mi madre, ya que esa abuela que le deja comerse todo lo que él quiera no es la misma mujer que me crio. Daniel me mira y se ríe, además de decirme que eso no es problema suyo. Fabián adora a sus abuelos y, al igual que su hermano y sus tres primos, trata de tocarle el bigote a su abuelo (a papi no le gusta que le toquen el bigote porque le da cosquillas). A papi, por su parte, le encanta molestar a los nietos, igual que lo hacía con sus hijos. Siempre, cuando son pequeños, suele ponerle una pelota en la espalda por la camisa y disfrutar sentadito del trabajo que le da al niño o niña quitarse la bola de la espalda. Eso nunca le funcionó con Fabián. No porque él no pudiera quitarse la bola de la espalda, sino porque simplemente no se molestaba. La dejaba ahí y seguía con sus juegos.

20170618_082844Al día de hoy que escribo estas líneas, Daniel tiene 11 años y Fabián, cinco, y son niños felices e inteligentes. No ha sido un proceso fácil esto de ser padre, pero sí muy satisfactorio. El amor no le ha faltado a ninguno, ni la comida, ni los regaños. Sus madres los aman y también sus abuelos y tíos y tías sanguíneos y políticos. Esos niños son el mejor regalo que me ha dado la vida y vivo orgulloso de lo que son. Me emociona verlos despertar en las mañanas y me alivia cuando se acuestan a dormir después de un largo día de juegos. La vida me regaló dos hijos de dos madres diferentes, y al mismo tiempo me dio dos mujeres que aman a mis hijos y se preocupan por los otros hijos de cada una. Yo no crecí con mis abuelos y mis hijos tienen abuelos y abuelas para escoger.

20170618_083408(0)Sé que aún me falta mucho por recorrer en este camino, y papi siempre me lo recalca: “No te preocupes, eso es para toda vida. Mírame a mí, tú tienes 37 años y todavía estás molestándome”. Las historias son muchas, las risas y carcajadas por los inventos de esos dos niños son aún más. Espero poder escribir un poco más al respecto en otra ocasión y de seguro les contaré a ellos durante los años que nos esperan por vivir.

 

No hay día que no agradezca lo afortunado que soy de tener los hijos que tengo y todo lo que ellos representan. Ser un buen padre no es fácil, pero vale la pena cada una de las noches de desvelo, de las lágrimas y las visitas al doctor. Esas sonrisas iluminan mi día y calman mis noches. Ya sea jugando lucha libre con Daniel o aguantando golpes de Fabián porque es Hulk, mis hijos son mi mayor tesoro.

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Capítulo I: “Mi barrio era un continente”.

Según información que conseguí en la red, los números cinco, 25 y 1980 revelan que mi camino de vida es el número tres. Este representa visión, imaginación y alegría de vivir. Esa página me dice además que poseo un gran talento para la creatividad y la expresión. Pues ese fue el día de mi nacimiento: 25 de mayo de 1980. Ese mismo día, pero en otro año nació Jeff Bridges y también Frank Oz (quien hace la voz de Yoda en la primera entrega de la película Star Wars).

15541596_196526557476647_2317720124440701798_nJosé Francisco Lugo Rivera: el segundo de los tres hijos de Juan Antonio y Eileen Ivette. Mi hermano mayor se llama como papi, porque con alguien tenía que desquitarse, y mi hermanita, Jaleen Franceska, nació tres años después de mí. Nacimos en un hospital en Caguas pero nos criamos en el pueblo de Cidra. Unos años en el Cielito (en el centro del pueblo) y la mayoría de los otros en Treasure Valley, por allí cerca de Don José. También vivimos en el barrio Rabanal, pero apenas fue una semana, quizás menos (afortunadamente).

Mi niñez fue bastante buena, diría yo. Crecí con mis hermanos, fui a la escuela, hice maldades que en ocasiones pasaban desapercibidas porque siempre hacía reír a alguien (de adulto eso no funciona) y saqué de quicio a mi hermano muchas veces – ese es mi trabajo como hermano del medio. Recuerdo las navidades y algunos de los regalos, y disfrutaba de levantarme los sábados en la mañana a ver muñequitos como He-Man, los Thundercats y los Muppet Babies.

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¡Mira ese nene… qué bello!

Recuerdo cuando mami me llevaba a la escuela y tambiénel día en que no me fue a buscar. Siempre uso esta historia cuando mami habla de algo de la niñez y siempre es para molestarla, lo cual hace como 30 años dejó de funcionar. Yo cursaba el Kinder y la escuela era literalmente al lado de mi casa. Pero caminando podrían ser cerca de 10 minutos, más o menos. Obviamente, me sabía el camino y todo el mundo en el barrio conocía a los hijos de Juan Lugo, así que no había forma de que me perdiera. Mami me llevó al salón en la mañana y le tocaba buscarme a medio día. Llegó la hora en que se supone que mami estuviera allí y cuando me di cuenta que no estaba, decidí caminar hasta casa. Diez minutos más tarde estaba yo en casa y al abrir la puerta y saludar a mi madre, ella casi se muere del susto. Según recuerdo, y ella dirá una versión que le convenga más a ella, mami estaba limpiando la casa y entre tarea y tarea del hogar, se le hizo tarde. Recuerdo que me abrazó y me besó y yo no entendía porque tanto escándalo. En fin, mi madre me dejó perdido ese día en la escuela.

Papi trabajaba en la Junta de Inscripción Permanente (JIP) en Cidra y después de varios años, dejó ese trabajo por una mejor oportunidad y mami tomó su lugar en la JIP. En ese tiempo no me pareció una buena idea porque cuando yo salía de la escuela llegaba a casa, recibía un beso y un abrazo del amor de mi vida y me dedicaba entonces a hacer asignaciones, pelear con mis hermanos y comer la rica comida de mami. Al sol de hoy el olor en esa cocina me vuelve loco. Al otro día me levantaba, desayunaba, molestaba a mis hermanos y mami nos llevaba a la escuela, besos y abrazos y eso era un buen día. Cuando uno va creciendo se va dando cuenta que era súper necesario que mami trabajara ya que debíamos mudarnos de la casa que compartíamos con mi tío Piro porque no cabíamos y el sueldo de papi no era suficiente para eso.

10417788_1113260885356060_7267783779022143336_nNos mudamos entonces a Treasure Valley; una casa de tres cuartos en una urbanización donde vivían algunos de mis compañeros de escuela y habían muchos niños de nuestra edad. Allí conocí lo que era esperar la guagua cada mañana para llegar a la escuela y cogerla cada tarde para regresar. Mami trabajaba frente a la escuela y siempre nos llevaba almuerzo y comíamos en la cocina de la oficina, lo que para mí era buenísimo ya que no como muchas cosas que la mayoría de la gente disfruta (dile changuería si quieres).

emgn-worst-job-commutes-pic-5La tarde era divertida desde mi punto de vista de niño. Cuando no nos quedábamos en la oficina con mami hasta que papi nos buscara, nos íbamos e la guagua hasta la urbanización, y eso era una odisea. La guagua llegaba y habíamos más de 20 personas tratando de montarnos y todos queríamos entrar a la misma vez – como los videos esos de los chinos tratando de montarse en el tren. Si mi hermano se montaba, me tenía que montar yo porque las instrucciones eran que ambos nos teníamos que montar en la guagua juntos. Al llegar a casa, siempre pasaba una de dos cosas: mami nos daba la llave y entrábamos con calma o le decíamos a Olga, nuestra vecina, que nos abriera la puerta con el cuchillo. Ella tardaba menos con el cuchillo que lo que tardábamos nosotros con la llave; así de buena era ella con nosotros y siempre nos echaba un ojito. Nos cambiábamos de ropa más rápido que ligero y “verificábamos” las tareas antes de irnos a la cancha que estaba en nuestra calle. Hacíamos las asignaciones, casi siempre, y a jugar a la calle con el resto de los muchachos.

Cuando mami llegaba de trabajar, a veces con papi o su compañera de trabajo le daba pon – porque mami no guía – le tocaba entonces hacer comida, verificar que las asignaciones estuvieran hechas, preparar todo para el próximo día escolar, asegurarse que comiéramos todos juntos en la mesa y acostarnos a dormir. Unos días eran más complicados que otros, pero básicamente esa era la rutina. Todo el mundo en la cancha se enteraba de nuestro segundo nombre cuando mami nos llamaba a comer. Como es normal, a los niños no le gusta parar de jugar o divertirse. A la hora de comer mami salía al balcón y nos llamaba. “Junito, Frankie, vengan”, una vez. La segunda, la misma historia. La tercera cambiaba de cuento de hadas a película de misterio: “José Francisco, ven AHORA”, me gritaba fuertemente. En ese momento dejábamos todo y salíamos corriendo sabiendo que nos esperaba al menos un regaño o cantaleta. Estoy seguro que la mayoría de ustedes, mis lectores, están familiarizados con esto.

Un hermoso día de primavera, el 22 de marzo de 1991 – o quizás 1992, no estoy seguro – nos reunimos todos los jóvenes de la urbanización. Era día feriado en Puerto Rico, ya que se celebra el Día de la Abolición de la Esclavitud. Éramos más de 10 muchachitos entre las edades de 11 a 15 – estaba mi hermano, José César, Carlos, Robertito, Kiko el Tribil, Sammy, Yadiel (creo) y otros jóvenes. Decidimos ir de un extremo de la urbanización a otro en bicicleta y lo divertido era que en el extremo donde comenzamos era una cuesta larga y no había que pedalear tanto para bajar. Mi hermano no quería que yo fuera, pero como él no es mi papá (como todos los niños se dicen siempre), me incluí en la aventura – como los Goonies. Llegamos todos juntos hasta abajo, sin problema ninguno; una travesía llena de velocidad como por tres o cuatro minutos.

Al llegar al extremo final de la urbanización, era momento de acabar la aventura. Pero no sabía que el destino tenía algo planeado para mí (parece introducción de una novela de Univisión). En el lugar que decidimos reunirnos para regresar, José César bajó en su bicicleta primero que yo y luego era mi turno. Al bajar, José César se atravesó y la goma delantera de mi bicicleta chocó con la suya, y salí volando hacia adelante y caí de cabeza en una alcantarilla. Todos asustados me ayudaron a levantar, y yo, tranquilo. Hasta que me toqué la cabeza y mi mano se llenó de sangre. El mundo se detuvo. El miedo invadió mi mente. ¿Me habré cortado hasta casi tocar el cerebro, o habrá sido solo un rasguño? ¿Me dejará mi madre seguir viviendo o me castigará hasta cumplir 100 años en un calabozo oscuro y con comida mala, como arroz con salchichas?

images (1)Un vecino que pasaba por el área me llevó a casa. Recuerdo claramente que grité como si me hubiesen arrancado un brazo cuando vi la sangre. De más está decir que mami por poco se muere cuando me vio llegar llorando y con sangre – en realidad era poca sangre, pero seguía siendo sangre. Me llevó al hospital, donde me atendieron rápidamente y en un abrir y cerrar de ojos, llenos de lágrimas porque yo era un llorón, estaba en casa. Al llegar a casa, mami decidió castigarnos a mi hermano y a mí por un mes, UN MES. ¿Por qué me va a castigar si lo que tuve fue un accidente? Una de las contestaciones más fáciles y que me dolió más que el golpe en la cabezota: Nos fuimos sin permiso a correr bicicleta por un área lejos de casa. Y, ¿por qué castigaron a Junito conmigo? Porque él es el mayor y no debió haberme dejado ir. Por eso, los dos castigados solo 30 días de una hermosa primavera, incluyendo sábados y domingos.

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Muchos años después, la amistad sigue…

Tuve la dicha de crecer donde crecí y con la gente con quien crecí. Los días de verano, mientras todos los chicos estábamos de vacaciones eran espectaculares. Siempre había algo qué hacer y nunca estabas solo. En mi caso tenía a mi hermano, aunque él no le gustara mucho la idea. No quiero que piensen que Junito era un mal hermano; era un niño normal que le molesta que para todos lados que iba, su hermano menor iba detrás de él. Esos días calurosos de verano jugábamos baloncesto en la cancha, donde siempre había una que otra discusión, jugábamos pelota (béisbol) bajo el sol candente de nuestro parque y cualquier cosa que se nos ocurriera. Y en las noches, no muy tarde, mis padres sacaban una soga larga y hacíamos competencia de brincar cuica; a veces los varones contra las hembras y mami y papi siempre brincaban. Creo que por eso es que me gusta brincar cuica; me remonta a mi niñez.

Una etapa muy buena para mí fue cuando, guiados por nuestra amiga Haydee, se hizo especie de Talent Show en el Centro Comunal de la urbanización. Para ese tiempo estaba de moda Francheska, Liza M, Garibaldi, Gloria Trevi con su pelo suelto y muchos otros artistas. Las chicas se botaron; tardes de ensayos y la música y la ropa y todo. Un tiempo después, decidimos entonces hacer uno dirigido a los padres en su día. ¡Ahí botamos la casa por la venta! Recuerdo que nos vestimos de chaqueta y todo, y cantamos la Última Copa, cantamos Linda, de Daniel Santos y yo imité a José Feliciano con la canción Siempre (magnífica imitación, debo decir). Hasta un numerito de Garibaldi nos tiramos – vestidos con pañuelos en la cabeza y todo. Un momento que todos disfrutamos y estoy seguro que si alguno de mis amigos de Treasure Valley lee esto, tiene historias que contarles a sus hijos y familiares.

La pérdida también fue parte de nuestras vidas de niños en el barrio. Recuerdo con mucho cariño a Robertito y su hermana Viviana. Vivi era una chica alegre y llena de energía que juagaba con mi hermana y todos la conocíamos. Algunos no sabían su nombre, pero sabían que era la hermana de Robertito, quien siempre estaba jugando y haciendo maldades con nosotros. Esos hermanos vivían con sus abuelos, don Roberto y doña Petra, quienes tenían la tiendita donde comprábamos leche, huevos y esas cosas. Si mal no recuerdo, cuando yo tenía como 13 o 14 años, Vivi enfermó y un tiempo después falleció. Hablamos mucho de eso entre nosotros y del dolor que podrían estar pasando doña Petra y don Roberto y, más aún, su hermano, nuestro amigo Robertito. La vida nos enseñó en ese momento que no hay tal cosa como que los que se mueren son los viejos. Porque aunque había perdido familiares, nunca había pasado por eso de perder una amiga.

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De la producción Mundo, la canción Como Nosotros.

Fuimos poco a poco creciendo y con las cosas de la vida fuimos cambiando. Como dice Rubén Blades en su canción Como Nosotros: “Nuestra inocencia retrocede al comprender que, en la vida real, la injusticia puede golear a la verdad”. Algunos de los chicos y chicas se mudaron, otros se dejaron llevar por las drogas y estuvieron en diferentes hogares de rehabilitación y otros lograron mudarse antes de que el camino difícil los atrapara. Otros, nos quedamos allí un tiempo más, viendo los cambios, y tratando de que lo que se necesitaba que se quedara igual, así fuera.

527442_177796399010113_2042659060_nMi barrio fue mi continente por muchos años. Jugué tira y tápate, guillotina, al esconder, tenqui, 1-2-3 pescao, pillo y policía, y bailé y brinqué por todos lados. Lo que aprendí allí no se aprende en la escuela, y esos amigos que me vieron crecer y crecieron conmigo siempre serán parte de mi historia. No pasé mi niñez nada mal en mi barrio. Mi primera pelea, mi primer castigo, mi primer beso fue en aquella urbanización que amo y respeto. Aprendí a jugar baloncesto (malo, pero algo es algo) y recibí y aprendí a jugar Nintendo (en eso sí era bueno). Hay muchas historias que no caben aquí, pero pueden estar seguros que son espectaculares y se las contaré a mis hijos. Mis padres se aseguraron que viera los caminos y que aprendiera a tomar el correcto, ya fuera por mí o por experiencia ajena. Sé que tú también tienes historias y cuentos de tu barrio, de tu gente. La mía comenzó a desarrollarse en Treasure Valley; desde la cuesta de los gorditos, hasta el Club de pesca, y mi calle, la calle México, mi barrio, mi Treasure Valley, mis vecinos, mi gente… en fin, yo.

Introducción a mi libro

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Hace varias semanas desperté con la idea de escribir un libro – a fin de cuentas se trata de escribir y aunque no tengo la fama de Gabriel García Márquez, estoy seguro que él comenzó por escribir lo que le parecía bueno en el momento. ¡Así que a escribir se ha dicho!

La idea original con la que desperté no era esta. Pero sabemos que toda idea va evolucionando hasta convertirse en algo perfecto, o lo más cercano a ello. La primera pregunta que llegó a mi mente: ¿de qué carajo vas a escribir, Lugo? La contestación fue bastante sencilla: Escribiré de mí, de mi vida y mis años por ella. Surgió otra pregunta quizás más importante aún: ¿Y por qué la gente va a leer un libro sobre tu vida, sino eres una persona como que muy importante? La contestación a esta fue más fácil, aunque puede sonar un poco poética: ¿Por qué no querría alguien leer de mi vida? Puede ser interesante leer sobre mi vida. Y de hecho, creo firmemente que sí podría serlo.

Zorro¿Dónde empezar? Esa sí es un poco más complicada. Pensé empezar por el principio; empezar qué estaba pasando en la vida de mis padres antes de que llegara yo a este mundo. Así lo hizo Allende en su libro El Zorro; comenzó por dar una historia introductoria sobre cómo se conocieron los padres de Diego para que pudiéramos entender por qué el menor de los De La Vega luchaba por la justicia. Empezaré por el principio entonces ya que no seré como George Lucas – empezar por la mitad puede ser divertido, pero luego se complicaría.

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Foto obtenida de https://www.flickr.com/photos/rafy474/galleries/72157629854569082/

El señor Juan Antonio Lugo Pérez nació un mes de abril en el pueblo de Cidra hace casi 60 años. Se crio en uno de los campos de nuestra hermosa ciudad, barrio Sud, siendo el octavo en la lista de los 13 hijos que tuvieron sus padres. Mis abuelos eran bastante pobres, pero la pobreza no es igual a mal educados. Conozco de memoria muchísimas historias de la niñez de mi padre, muchas. Por ejemplo que a la hora de comer, si llegaba visita la carne le tocaba al visitante y, literalmente, se las sacaban del plato a sus hermanos y a él. Por eso, siendo la persona inteligente que es,  tan pronto le servían su plato de comida con carne, lo primero que se comía era la carne y así, si llegaba una visita, el aseguraba su carne en su pipa.

Pero no siempre había carne ni mucha comida para todos. Me cuenta que en ocasiones mi abuela hacía bacalao salado, muy salado. Así mientras comían, dado lo salado del bacalao, tomaban mucha agua y se llenaban más rápido. La poca comida daba para todos. ¡Y pobre del quien dijera que la comida estaba mala o que era poca! En esos casos mi abuelo le daba con la gorra, o con lo que tuviera en la mano, mientras le gritaba: “¡Carajo, condenao cabezón afrentao!”

Mi señora madre, Eileen Ivette Rivera Rolón, también nació en Cidra un 4 de agosto. Su niñez, aunque con menos carencia de comida, no dejó de ser complicada. Mami se crio con su abuela paterna. Su abuela, Pancha Soto, se convirtió entonces en “Mami Pancha” y sus tíos y tías son para ella sus hermanas – explicar todo este revolú a mi esposa fue un parto, pero más o menos lo entiende.

Sus hermanas, que en realidad son sus tías porque son las hermanas de su papá (complicado, verdad) le enseñaron mucho a mami. Pero al ser al menos 20 años mayor que ella, mami se quedó sola con mi abuela Pancha. Abuela era pentecostal y mami conoció de Dios a temprana edad. Iba a los cultos, cantaba los coritos y tocaba la pandereta con estilo y ritmo. Abuela también creía en el castigo fuerte; nada de eso de irse a la esquina por dos minutos a pensar lo que hiciste mal. Mami fue criada con unos valores y creencias positivas y rectas que la hacen ser la mujer que es y nos ayudó a nosotros, sus hijos, a ser quienes somos.

Mis padres se conocieron a temprana edad. Creo que el hecho de que mi abuelo paterno, Paco Lugo, y mi bisabuela materna, Pancha Soto, eran hermanos tuvo algo que ver. O sea, que si pensamos un poco, mis padres son como primos segundos o algo así (creo que por eso mis hermanos y yo salimos medios locos). Estudiaron en la misma escuela pública desde pequeños y tenían los mismos amigos. Pero mientras mami estudiaba, papi hacía maldades o brillaba zapatos por dos centavos (con eso se compraba su media libra de pan con guineo o le echaba azúcar).

Papi no era el más aplicado, pero me cuenta que abuela Pancha le daba ánimo y le decía que se esforzara. Mami, por su parte, no le quedaba de otra que estudiar porque si no lo hacía a la buena, lo hacía a la mala (eso siempre a la buena es mejor). ¿Cómo se enamoraron Juan y Eileen? Pues como se enamora la gente. Es la única explicación que tengo, porque a pesar de las miles de historias que conozco de ambos, no recuerdo que nos dijeran esa historia en particular.

wpid-IMG_21911577428628.jpegUna vez graduado de escuela superior, papi estudió electricidad y mami comenzó a estudiar para ser maestra, aunque enfermería le hubiese encantado. Mami no pudo terminar sus estudios, lo que al día de hoy le duele un poco. Un poco después, en 1978 le enviaron una carta a la cigüeña, o papi brego algo con el pájaro, y un hermoso y fresquito día de diciembre llegó a la familia el primer Lugo Rivera, mi hermano mayor y orgullo de quien escribe, Juan Antonio. En mayo de 1980 llegué yo y en diciembre de 1983, esta vez más cerca de navidad, la cigüeña trajo a una niña hermosa, con una sonrisa bella y un pelo rebelde: mi hermanita que amo (y escribiendo esto se me llenan los ojos de lágrimas) Jaleen Franceska.

Si se fijan, con mi hermano y con mi hermana, la cigüeña los trajo; yo, llegué. Ellos estaban planificados y yo, como siempre, jodiendo por ahí (creo que no debo escribir “jodiendo” si se supone que es para un libro. Creo que eliminaré el término). Me cuentan mis padres que los tomé por sorpresa en todos los sentidos. Aunque no hay tal cosa como estar preparados, al menos se puede planificar tener hijos. Los gastos son enormes y cuando la economía no ayuda, la cosa aprieta más. Pues el hambre y la miseria – en sentido figurado – se juntaron y llegué yo. No solo la cosa estaba mala, sino que el niño les salió con problemas para digerir la leche y comprar leche de fórmula, cuesta. El pediatra, Nanito como lo conocen en Cidra, les regaló una leche que me ayudó a estar mejor y la cosa mejoró un poco.

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El clan Lugo

A fin de cuentas, el clan Lugo – papi, mami, Junito, Franceska y yo – tenemos mil historias y hemos pasado muchísimas cosas. Pero hemos aprendido y crecido en cantidad. Hemos reído juntos y hemos llorado a solas, al igual que los has hecho tú, querido lector. Eso no nos hace especiales ni diferentes, nos hace quienes somos. Y en las próximas páginas les contaré un poquito de quién soy y a donde voy. No lo hago para que sigan mi camino, pero si pueden mejorar el suyo, basado en lo que escriba, entonces ganamos todos.

Introduction to My Book

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Versión en español presione aquí

A couple of weeks ago I woke up with the idea of writing a book – I just have to write, and even though I’m not famous as Gabriel García Márquez, I’m certain he started by writing what he felt was good at the moment. So, let the writing begin!

The first idea I woke up with was not this one. But we know every idea changes or evolves until it turns into something perfect, or as close to perfect as it can be. The first question that popped into my mind was: What the hell will you write about, Lugo? The answer was simple: I will write about me, my life and my years living. Then, another question even more important: Why would anyone read a book about your life if you are not a celebrity of any kind? The answer was even simpler and may sound a bit poetic: Why wouldn’t someone read about my life? It may be interesting reading about my life. And, as a matter of fact, I truly believe it may.

ZorroWhere do I begin? That’s a complicated one. I think I should start from the beginning; starting by explaining what was happening in my parents’ life before I arrived in it. That’s the way Isabel Allende did in her book Zorro; she began by introducing the story of how Diego’s parents met so we could understand why little De la Vega wanted to fight for justice. I will then start from the beginning since I’m not George Lucas – starting at the middle may be fun, but then more complicated to explain.

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Photo from https://www.flickr.com/photos/rafy474/galleries/72157629854569082/

Mister Juan Antonio Lugo Pérez was born one April in the town of Cidra almost 60 years ago. He was raised in one poor place in the town called Barrio Sud, and he was the 8th in a list of 13 children my grandparents had. His parents were very poor, but that does not mean they were not educated. I know a lot of stories from my father’s childhood, a lot! For instance, at supper time, if someone visited their house, the meat was for the visit and literally, it was taken from his plate and given to the visit. My father, being the genius he grew up to be, every day as soon as that meat touch his plate, that was the first thing he ate, just in case someone wanted to visit, the meat was safe in his belly.

They did not always have meat to eat or even a food for everyone. Papi tells me that sometimes my grandmother used to make bacalao (fish) really salty. That way, while eating bacalao they had to drink lots of water thus getting full faster with less food. A good way to make sure everyone had something to eat. And God forbid, one of them dared to say they did not like the food or that it was not enough. In those case my grandfather started hitting them with his cap, or whatever he could find, while telling them: “¡Carajo, condenao cabezón afrentao!” (hard to translate).

Iglesia
Photo from https://www.flickr.com/photos/rafy474/galleries/72157629854569082/

My mother, Eileen Ivette Rivera Rolón, was born on August 4. Her childhood, even though she did not have food shortage, still was complicated. Mom was raised by her father’s mother. Her grandmother, Pancha Soto was since “Mami Pancha”, and her uncles and aunts are her brothers and sisters – you have no idea how hard this was to explain to my wife.

Her sisters, who are really her aunts since they are her father’s sisters (complicated right?) taught my mother a lot. But since they were at least 20 years older, mom was alone with abuela Pancha. Abuela was Pentecostal and mami learned about God at a young age. She went to Sunday school and Wednesday service, she sang the songs and played a mean tambourine with rhythm and style. Grandma also believed in strong punishment: none of that “go to the corner and thing about what you did” thing! Mom was raised with positive and strong believes that made her be the great woman she is and that helped us, her children, be who we are.

My parents met at a young age. I’m sure that the fact that my grandfather from my father’s side and my abuela Pancha were brothers had something to do with it. So, when I think about it, my parents were cousins, which explains a lot in terms of crazy (the good kind of crazy). They studied in the same public school and they had the same friends. But while mom studied, dad was goofing around or working as a shoe shiner for two cents (he bought his bread and banana with one cent and the other to his father).

Dad was not applied at school but he recently told me that abuela Pancha feed him with lots of energy and support. Mom did not have a choice other than to study, and she was more than fine with it. How did Juan and Eileen fall in love? The way people fall in love. That is the only explanation I have because I know a lot of stories about those two lovebirds, but I don’t remember hearing how they fell in love.

wpid-IMG_21911577428628.jpegOnce he graduated from high school, dad studied electricity and mom started studying education in college, even though she would have love to be a nurse. Mom did not finish her studies, and she regrets that a bit. Some years later, in 1978 my parents sent a letter to a stork and a beautiful and cold day in December, the first Lugo Rivera flew in: my brother and mentor for who yours truly, Juan Antonio. On May 1980 I arrived and on December 1983, this time closer to Christmas, another stork flew in with a beautiful baby girl, with an amazing smile and rebel hair: my sister who I love, and get chocked up with just by mentioning her, Jaleen Franceska.

If you noticed, my brother and my sister flew in, and I just arrived. They were planned, and I, as usual bothering and horsing around without an invitation. My parents told me that my arriving was a surprise (if you play with fire, you may get burned) in every sense. Even though there is no such thing as being prepared, at least you can plan and expect when to have children; it costs a lot and when the economy is not on your side the problem is bigger. So, hunger and misery joined forces – figuratively speaking – and here I am. Not only the time was bad, but the baby had problems digesting the milk and buying formula brand milk costs a lot. My pediatrician, Nanito (he is still a hero in Cidra) gave my parents a couple of boxes of canned milk and things got better. But I can now understand how hard that must have been.

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The Lugo Clan

Anyway, the Lugo clan – mom, dad, Junito, Franceska and myself – have thousands of stories and we have been through many situations. But we have learned and grown a lot. We have laughed together and cried alone, as have you, my dear reader. That does not make us special nor different; it makes us who we are. I don’t write so you can follow my path, but if you can improve yours based on what I write, then we all win.

Cosas buenas están supuestas a pasarme

English Version Click Here

En mi búsqueda de temas motivacionales in Internet me topé con el dicho “Cosas buenas están supuestas a pasarme”. Empecé a pensar un poco sobre eso y me pareció cierto; lo creí y lo acepté. ¿Comenzaron a pasarme cosas buenas? No. Di una mirada al pasado y descubrí que las cosas buenas vienen pasándome desde hace mucho. Y tomé la decisión de buscar y ver esas cosas buenas que me pasan.

Familia
Familia

El primer párrafo es más un resumen del punto que les quiero llevar. Déjame comenzar desde más atrás. Tuve una gran niñez. Tengo un hermano mayor que luce más joven que yo y una hermana menor que es igualita a mí (al menos eso dice la gente). Crecimos en una casa llena de amor, abrazos y una que otra pelea entre hermanos; nada fuera de lo normal. Tuve muchas amistades en la escuela y en el vecindario, y fui un niño muy feliz, en serio. Nunca sufrí de bullying en las escuela y cuando lo intentaban, siempre tenía un contestación inteligente para todo (aun lo hago y mucha gente lo odia).

Creciendo me di cuenta que la vida puede ser triste y en ocasiones injusta. Me daba cuenta cómo otras personas tenían sus vidas listas – o al menos eso parecía – y nada bueno me pasaba a mí o tardaba mucho tiempo en sucederme. Terminé la universidad y conocí a muchas personas en el camino, algunas de las cuales hoy son parte de mi familia. Aun así, pensaba que nunca me pasaban cosas buenas. La gente empezó a tener buenos trabajos, sus sueños comenzaban a hacerse realidad, y me sentía atascado; como si las oportunidades nunca tocaban mi puerta, se perdían de camino a mi casa.

Siempre he sido una persona positiva y un fiel creyente de que haciendo a la gente sonreír es una gran manera de calmar su dolor y de eliminar las penas. Eso ha funcionado para mí y al día de hoy sigue funcionando. Pero nunca estaba donde quería, donde se suponía que estuviera. Mientras crecía, nunca tuve un plan sobre dónde debía estar en mis 20s, 30s y así sucesivamente. Pero sabía lo que quería hacer y como no estaba haciéndolo me sentía que no había logrado nada.

Una cerveza por la amistad
Una cerveza por la amistad

Cerca de dos años atrás me di cuenta que lo había hecho todo al revés, y mis amigos y mi esposa – quizás sin saberlo – me ayudaron a darme cuenta. Por más de 10 años mantuve guardado un libreto para un stand-up comedy pero lo guardé porque la oportunidad para hacerlo nunca se me apreció. Estaba haciéndolo mal. Mis amigos me dieron el empujón y logré hacerlo. Finalmente estaba frente a un grupo de personas haciéndolos reír, reír mucho. Algo que siempre hago frente a mis amigos, finalmente lo hice frente a otros. Ahí me di cuenta que llevaba muchos años esperando que las cosas llegaran en lugar de salir a buscarlas.

(Mira el video aquí)

Comencé a ejercitarme y funcionó muy bien para mí. Mi confianza comenzó a crecer al igual que mi visión de vida. Miré al pasado y me di cuenta que muchísimas cosas buenas si me habían pasado; me habían estado pasando toda mi vida. Pero era yo quien me detenía a esperar que el sueño de mi vida apareciera de la nada, que tocara a mi puerta. Me di cuenta que todo lo que tenía en mi vida, bueno o malo, lo había conseguido con trabajo. Y realmente disfruté el camino hasta ahí. Claro que ser una persona positiva no me salvó de un divorcio ni de todas las cosas negativas que pasaron en mi vida. Pero ser positivo me ayudó a enfrentarlo todo y a lidiar con ellas en una mejor manera.

Nada más que decir
Nada más que decir

Mi punto es que las cosas buenas SI están supuestas a pasarte. Y te han estado pasando. Solo toma un momento y fíjate bien. Olvídate de lo que otros tienen y de esas oportunidades que nunca llegaron. Haz que la vida pase para ti. Si no hay una oportunidad para ti, ¡sal y haz que suceda! Si se cierra una puerta, asegúrate que la próxima vez la patees al entrar. No pierdas la fe en ti. Comienza haciendo esos pequeños cambios en ti y comienza a escuchar a las personas que te dicen que tienes verdadero potencial; al creer en lo que dicen te darás cuenta que tienen razón.

Puedes fracasar en aquello que no quieres,
así que por qué no arriesgarte a hacer lo que amas”.

Jim Carey

Recuerda que puedes seguirme en facebook.com/francolugooficial y en YouTube en youtube.com/c/FrancoLugoOficial. No olvides compartir este post.

Good Things Are Supposed To Happen To Me

Versión en español presione aquí

In my search for motivational stuff on the internet, I stumbled upon the quote “Good things are supposed to happen to me”. I started wondering and thinking about that, and I found it to be true; I believed it and embraced it. Did good things start happening to me? No. I looked back and realized they have been happening for quite some time. And I made the choice to try and look for the good things that happen to me.

Familia
Familia

That first paragraph is like the summary of the point I am trying to make. Let me go back a little bit and start over. I had a great childhood. I have an older brother who looks younger than me and a baby sister who looks just like me (or so people say). We grew up in a house full of love and hugs and occasional brother sister fights; nothing out of the ordinary. I had a lot of friends in school and in the neighborhood and I was a really happy child, really. I was never bullied in school and if I did I always had a clever answer for everything (still do to this day and some people hate it).

Growing up I realized life can sometimes be sad and unfair. I got to see how other people got life figured out -or so it seemed- and nothing good ever happened to me or it took too long to happen. I got through college and I met a lot of people in the process, some of which are my family now. But still, good things never happened to me. People started having great jobs, their dreams were starting to come true, and I felt stuck; like the opportunities never knocked on my door, they got lost on their way to my house.

I have always been a positive person and a true believer that making people smile is a great way to help ease their pain and lift heavy sorrow. And that worked for me and still does. But I was never where I wanted to be, where I was supposed to be. When I was a kid or growing up I never had a plan or schedule of where I wanted to be in my 20’s, 30’s and so on. But I knew what I wanted to do and since I was not doing it, I felt unaccomplished.

Friends over beer!
Friends over beer!

Two years or so ago I realized I had it all wrong, and my wife and friends – without them knowing – helped me figure that out. For years I keep a script for a stand-up comedy I wanted to make but I shelved it because the opportunity never appeared. I was looking at it all wrong. My friends helped me and I made it happen. Finally I was in front of a crowd making them laugh hard, really hard. Something I always do in front of my friends I was able to do in front of others. It was then when I realized I spent many years waiting for stuff to happen instead of going out there and making them happen.

(View video here)

I started exercising and that worked well too. My confidence started growing and so did my view of life. I looked back and realized wonderful things DID happen to me; they have been happening all my life. But it was me who stopped to wait for my dream life to appear out of thin air, to knock on my door. I realized that all I had in life, good and bad, I worked for it. And I did enjoy all the way there. Of course that being a positive person did not save me from a divorce or from all the bad stuff life threw in my face so many times. But it did help me face all of that stuff and deal with them in a better way.

Should I say more?
Should I say more?

My point is that good things are REALLY supposed to happen to you. And they have been happening. Just take a break and see it for yourself. Forget about what others have or the opportunities that never happen to you. Make life happen to you. If there is not an opportunity for you, go ahead and make it! If a door closes on you, make sure next time you kick it on your way in. Don’t quit on yourself. Start making those small changes on you and start listening to the people that tell you that there is potential; believing in what they say can help you realize is true.

You can fail at what you don’t want, so you might as well take a chance at doing what you love.
Jim Carey

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My second time (is not about sex)

It’s me again. Last Saturday I went back to Celebrate Puerto Rico to try one more time to make people laugh. The first time was awesome (still not talking about sex, even though that was the case too). This time I chose to use less jokes and do more stories of me and my childhood.

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A great place to be funny...

I had a problem with time. I had to the performance in no more than five minutes which added another pressure. The first time the time provided was the same, but I just rolled and did almost 13 minutes.
So you be the judge. Listen to it and laugh if you like it. Here is the link to the page. You can listen to it there, or you can download it for you to keep. My performance is at 57:10, but remember I’m not the only one there. So listen to all of it; you will enjoy it.